martes, 11 de noviembre de 2008

Cuando necesitaste reir.

Para una mujer a la que le deben escribir poemas a diario, tal vez le parezca una pequeñez el recibir en este momento solo uno, es mi vago intento de robarle una sonrisa, no porque no sepa sonreir sino porque pienso humildemente que no le hacen sonreir muy seguido.
No soy un hombre de buenos chistes, menos mal que mi afan no es hacerla reir, solo trato torpemente de hacer que su alma le sea mas liviana porque no se explicar aun como siento que le cuesta a ella caminar con ciertos conflictos suyos a cuestas.
Ella entra y reluce de radiante luz y luego sin decir palabra se apaga, con una belleza de esas que describe Neruda, y a pesar de la notable admiracion que muchos sentimos por lo que es, su mirada se fatiga con esa sensacion mezclada de ausencia, melancolia y soledad.
Tal vez por lo que soy o como soy, trato siempre de robarle un gramo al menos de su carga para que le pese menos aunque tal vez no se de cuenta de mis intentos de mantener esa llama suya siempre encendida.
Tal vez con la esperanza tonta de que ella se de cuenta de que existo, trato de borrar en mi la mala fama que muchos hombres se encargaron de crear.
Quisiera se de cuenta que hay alguien que siempre cerca de ella quiere estar, aunque muchas veces sea simplemente un agente silencioso que desde lejo le trate de ayudar.
Muchas veces no se como expresar en palabras lo que significa para mi y aunque un chocolate y unas rosas sean mi humilde ofrenda de lo tan agradecido que estoy de que como amigo me haya aceptado, espero simplemente me siga permitiendo tratar de permanecer cerca de ella aunque solo sea para ayudarla a avanzar.

Ese para mi por lo menos es mi consuelo.

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